Frente POLISARIO recuerda que las aguas del Sáhara Occidental son parte inseparable del Territorio y cualquier explotación requiere el consentimiento saharaui

Abdulah Arabi es representante del Frente Polisario en España
Mar, 18/08/2026 - 11:46

Análisis: Ocultar tras el Sáhara occidental las reclamaciones sobre Ceuta y Melilla y la gestión de fronteras impide una relación equilibrada entre España y Marruecos

CHAHID EL HAFED-. La crisis de Ceuta reabre el debate sobre las relaciones entre España y Marruecos. Un artículo de análisis del representante del Frente POLISARIO en España, Abdulah Arabi sostiene que reducir la relación entre España y Marruecos solo al Sáhara Occidental es un error.

El análisis recuerda que, según la jurisprudencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea, las aguas adyacentes al Sáhara Occidental son parte de un territorio no autónomo y cualquier actuación más allá del paralelo 27,40 necesitaría el consentimiento del pueblo saharaui a través del Frente POLISARIO.

¿Crisis España-Marruecos? Razón: Sáhara Occidental

 Ceuta, Melilla, las fronteras y las disputas territoriales siguen pesando en una relación bilateral marcada por la desconfianza

Todavía hoy, más de dos semanas después del inicio de la llamada “crisis de Ceuta”, siguen siendo más los interrogantes que las respuestas verificadas en muchos aspectos.

Sin embargo, una de las principales certezas es que la situación del Sáhara Occidental no puede servir como telón tras el que ocultar los desafíos reales, evidenciados e históricos de las relaciones bilaterales entre España y Marruecos.

De este modo, con frecuencia, el debate sobre los vínculos entre España y Marruecos pivota en torno al Sáhara Occidental, como si esta cuestión explicara por sí sola todas las tensiones existentes entre ambos países.

No obstante, reducir la complejidad de una relación bilateral caracterizada por intereses estratégicos, diferencias políticas y disputas territoriales al asunto saharaui supone ignorar problemas de fondo que siguen y seguirán condicionando el entendimiento entre Madrid y Rabat.

Escudarse en el Sáhara Occidental con el objetivo de justificar cada crisis diplomática o cada desacuerdo bilateral no disipa la preocupación generalizada entre la ciudadanía del Estado español respecto de las históricas y manifiestas aspiraciones de Marruecos sobre Ceuta y Melilla.

Y es que, más allá de los gestos de acercamiento político o de los períodos de una fluida colaboración institucional, la percepción del mantenimiento de una visión expansionista sobre los mencionados territorios por parte de Marruecos continúa siendo uno de los principales factores de desconfianza en la relación entre ambos Estados.

La situación del Sáhara Occidental no puede servir como telón tras el que ocultar los desafíos reales, evidenciados e históricos de las relaciones bilaterales entre España y Marruecos

En este contexto, resulta especialmente significativo el uso generalizado de conceptos como el de “prosperidad compartida”, una expresión que suele emplearse para referirse a una fórmula de cooperación beneficiosa para ambas partes.

Sin embargo, para un numeroso grupo de analistas, la normalización de este tipo de discursos corre el riesgo de contribuir a diluir la singularidad política y jurídica de las ciudades autónomas españolas de Ceuta y Melilla, integrándolas progresivamente en una lógica regional definida desde los intereses estratégicos de Marruecos.

De este modo, dicha cesión dialéctica se justifica con base en la cooperación económica y el desarrollo conjunto —objetivos, a su vez, totalmente legítimos y deseables—. No obstante, no deberían servir para enmascarar debates de mayor calado sobre soberanía nacional e integridad territorial.

Asimismo, procede traer a colación el debate suscitado en lo que respecta a las aguas adyacentes al Sáhara Occidental. Un debate zanjado, entre otros, por la reiterada jurisprudencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea, por cuanto son indisociables del estatus jurídico del propio territorio.

Dichas aguas son territorio del Sáhara Occidental, un territorio no autónomo, según Naciones Unidas, por lo que mientras no se resuelva la situación global del mismo, estamos ante un debate estéril cuyos únicos argumentos posibles son el respeto y la aplicación del derecho internacional.

Por lo anterior, ni España ni la Unión Europea deberían actuar como si el pueblo del Sáhara Occidental no fuese soberano sobre su territorio. Ello implica —obviamente— que cualquier actuación emprendida más allá del paralelo 27.40 deba contar con el consentimiento del pueblo saharaui, otorgado a través de su legítimo representante: el Frente Polisario.

Por todo ello, no es osado afirmar que la estabilidad de las relaciones entre España y Marruecos requiere afrontar los desafíos reales sin recurrir a atajos políticos ni a narrativas simplificadas.

Así, el Sáhara Occidental, tal y como se ha puesto de manifiesto, deviene una cuestión esencial en el cálculo geopolítico de ambos reinos, pero no puede convertirse en un argumento que eclipse otros asuntos igualmente relevantes, como las reclamaciones territoriales, la gestión de las fronteras o las asimetrías estratégicas existentes entre ambos países.

Una relación sólida y equilibrada, por tanto, solo puede erguirse sobre la base del respeto al derecho internacional, la lealtad política y el reconocimiento de los intereses legítimos de cada una de las partes.

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Abdulah Arabi es representante del Frente Polisario en España.

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