El drama de las minas en el Sáhara Occidental

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Fito Alvarez Tombo

En el año 1963 se inicia el proceso de descolonización del Sáhara Occidental, año en el que se incluye lista de territorios no autónomos aunque España, el país colonizador, no se retiró hasta 1975 cuando cedió de manera ilegal el control de dicho territorio a Marruecos y Mauritania.

Tras el cobarde abandono de la población saharaui por parte de España, el Frente Polisario lucha por defender su territorio a la vez que protege a la población civil en su huida. Población que es masacrada por la aviación marroquí con bombardeos de napalm y fósforo blanco, ocasionando numerosas víctimas entre mujeres, ancianos y niños.

En 1991 se establece un alto al fuego entre Marruecos y el Frente Polisario. Se firma una tregua, y se fija la fecha de 26 de enero de 1992 para la celebración del referéndum. Naciones Unidas aprueba una resolución que detalla el calendario del plan de apoyo y crea la MINURSO (Misión de Naciones Unidas para el Referéndum en el Sáhara Occidental). Se establece el 6 de septiembre de ese año como fecha para el alto el fuego y el 26 de enero de 1992 para el referéndum. Ambas son aceptadas por las dos partes, pero el referéndum nunca se celebra.

Marruecos aprovecha esta tregua para reforzar los muros que dividen el Sáhara Occidental de norte a sur, con una longitud de más de 2.700 kms., y que había empezado a construir en los años 80 con el fin de parar las incursiones polisarias. A ambos flancos de este terrible muro Marruecos siembra entre 7 y 10 millones de minas, según datos de las Naciones Unidas, convirtiendo al Sáhara Occidental es uno de los territorios con la mayor contaminación por minas y bombas de racimo del mundo.

Más de 2.500 personas, según datos del Informe Monitor de Minas Terrestres, han resultado heridas, mutiladas o asesinadas por minas de fabricación de española, italiana, portuguesa, china, inglesa, belga y soviética esparcidas por el territorio saharaui desde 1975, además de las bombas de racimo fabricadas en Estados Unidos y bombas de 250 a 950 kgs, con detonadores retardados lanzadas por aviones Mirage F1 y F5 en las diferentes incursiones de las Fuerzas Armadas Reales Marroquíes. El fuerte siroco, el movimiento de la arena y la lluvia han trasladado y enterrado muchas de ellas, por lo tanto no existe una localización precisa de las minas.

Aún hoy, pasar por la zona es desafiar a la muerte. Cada año se siguen produciendo entre 20 y 30 nuevas víctimas. Los incidentes más recientes sucedieron los pasados días 13 y 14 de diciembre, donde dos coches con civiles saharauis fueron víctimas de la explosión de sendas minas, con el resultado de un muerto y varios heridos graves.

El drama de las minas es un aspecto más de la cruel ocupación, por parte de Marruecos, del Sáhara Occidental. Drama del que nadie habla y que la Unión Europea se empeña en silenciar firmando acuerdos comerciales con el ocupante marroquí en contra de sentencias de su propio tribunal de justicia.